Con la Luna de Santiago

19 de Marzo. LUNA LLENA. Roncesvalles.

La escasa luz del largo pasillo tardó en definirte.

Me miras curioso mientras el sol de la mañana me hace guiñarte un ojo.

Tal vez ya sospechaste que me llevaría la luna debajo del brazo…

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Un año después pienso en mi duda, en lo oscuro del corazón, en un otoño de párpados caídos. Pienso en un par de zapatillas sucias, en un puzle de 3 piezas, en una canción triste. Pienso en mi corazón como un avión en llamas, en aquel reloj de plata, en la doble ración de carretera y manta. Pienso en Finisterre, en la distancia, en la foto que se perdió. Pienso en una rima, en mi pelo contra el viento, en un verso a medio componer. Pienso en una primavera a girones, en un “sálvate tú”, en la luna de Santiago. Pienso en mi guerra, en las pastillas para el miedo, en las madrugadas llenas de vértigo.

Cuando pienso en Septiembre aparecen mis días como una postal gastada al final         del camino de lo que pudo haber sido.

El próximo Abril ya no será para ti.


No se si puedo…

No se si puedo, no se si debo. No quiero tener ganas pero las tengo.

A veces uno pierde un poco el norte y se acaba acostumbrando a esa sensación de estar indeterminado, poco definido. Es como ser aire, pero a rás de suelo.

Resulta patológico, en mi caso, la manera en la que me agarro a lo que me sujeta al pasado. La sutil linea que envenena todo lo que alcanza.

Hay cosas que uno cree que se han establecido como hecho inamovible, como verdad verdadera en lo profundo de la consciencia. Simplemente se  van colocando cuidadosamente en un lugar donde nadie lo pueda descolocar.

 E incluso después de este suma y sigue,  hay momentos en los que me encuentro desarmada. Pero mis manos, vacías, no te saben qué entregar.

Si tengo cerradas las puertas dime por dónde estás entrando.

Domingo por la mañana

“El tacto de sus manos, su calma, la manera en la que se desarma…”

Domingo por la mañana. Mientras veo nevar desde mi ventana pienso en mi libreta roja. Casi un año después sus hojas están a punto de extingirse.                                    Siempre me pregunté como acabaría.

“No se si acertar. Quizás no tenga remedio… Le di la espalda al tiempo, ya lo ves.”

Y después de que abril bajara el telón hace tiempo y esta mañana cubra el suelo de esta ciudad de blanco, aparecerá, tal vez, alguna canción que me lleve muy lejos…

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Otoño

Llueve, y aún así se abre alguna puerta.                                                                        Puede que hasta haya una estrellita justo detrás.                                                               Pide un deseo.

 

Con  la nube gris encima de la cabeza no se alcanza a concretar,                                        pero es urgente dejar de quererle.                                                                                 Pienso que es otoño, pero no invierno.                                                                             Está azul oscuro, pero no negro.                                                                                           Y dos suspiros mas tarde estaría bien, al menos, perdonarse,                                         que con ésta velocidad acelerada y la fé en peligro de extinción                                         no hay gata que se resista a maullar por los  tejados                                                        cuando la madrugada está  tan lejos y a una, le falta el corazón.

Y se fué

Él llegó caminando lento hasta su vera. El tiempo, casi generoso, les concedió tres dias, tres noches.

La última de ellas, ninguno de los dos supo que decir, desbordados por los lazos que habían crecido como crece la hiedra por las paredes de una casa sin cimientos.

“No esperaba que nos sentiriamos tan cerca”- dijo.

Se miraron durante una breve eternidad y los dos cerraron los ojos, abandonandose a la suerte del baibén de los sueños.

A la mañana siguiente apareció la despedida, como un punzón en el pecho del recuerdo de todo lo que nace, crece y desaparece.


A oscuras

Y acabé como un hada sin alas rendida en tu colchón. 

Desnuda.

Sin palabras.

Silencio. Sólo silencio.

Me recogiste en tu regazo despacio y me apartaste el miedo.

Mis ojos hablando a oscuras con tus ojos.

No hace falta nada mas si eres capaz de besarme el alma sin preguntar.

 

Y escuché por ahí que no hay invierno que no entienda de amor, pero si me cuentas  los lunares te darás cuenta de que son, sin remedio, impares.

Soy porcelana, delicada. Avismo y resaca. Soy luna, mariposa y estrella, pero fugaz.

(GRACIAS; fué precioso)